¿Por qué México no crece?

Por Genma

En algún momento de su carrera, la reconocida periodista Denise Dresser, se preguntó: ¿Por qué México no crece? Un cuestionamiento bastante válido, si tenemos en consideración el estado en que se encuentra nuestro país, con una pobreza inigualable, una economía inestable y una fluida corrupción en los altos puestos gubernamentales. Existe un gran número de razones por las que México se encuentra estancado en su desarrollo económico y político, y muchas de esas razones tienen nombres propios, pero como cualquier buen cuento infantil, todo tiene su principio y es que "… el modelo económico mexicano no tiene la mezcla correcta de Estado y mercado; regulación e innovación;" sino, de acuerdo con la definición de Joseph Stiglitz, nuestro capitalismo es de cuates, es decir, que lo que mueve la economía son los intereses y necesidad de algunos, basándose en la complicidad de sectores para obtener su parte del botín, evadiendo las reglas y la posibilidad de una transparencia.

Una situación en donde el Estado, se toma libertades, tales como elegir y perpetuar los grupos de influencia y permitir privilegios, como monopolios de comunicaciones, duopolios de comestibles y nudos sindicales educativos, abriendo los caudales a piezas clave para hacerse de los diferentes sectores clave para el desarrollo. Es así, como México se encuentra sumergido totalmente en una red de favores y mentiras, donde los actores financieros "…capturan rentas a través de la manipulación o la explotación del entorno económico, en lugar de generar ganancias legítimas a través de la innovación o la creación de riqueza." Y somos nosotros, las clases medias y bajas, bufones de los que se encuentran en el poder, los que contribuimos al tesoro que se acumula con su infinidad de comisiones y cuotas.

Un juego del poder económico, que desconoce jerarquías y las moldea a su gusto, atropellando a cualquiera que se interponga en su paso y colocando una correa de diamantes al sector público, que a su vez no comprenden que se han convertido en una herramienta y nada más. Dejándonos con la duda sobre ¿quiénes son los verdaderos representantes del país? Desde pequeños nos enseñan que nuestros líderes nacionales están formados por el Presidente, senadores y diputados, pero a raíz que el telón se levanta, la población conoce todos los secretos a voces que rodean a México, descubriendo los rostros de aquellos que tienen el verdadero poder del país, árbitros de todo juego político y arquitectos de la estructura económica, "…una estructura oligopolizada donde unos cuantos se dedican a la extracción de rentas a costa de los consumidores.".

Esta misma estructura, ha formado cimientos tan profundos en la economía, que las figuras políticas intentan mantener la paz social mediante promesas y la instauración de medidas temporales o bastante débiles, que ocasionan problemas al paso de los años, y es esta misma actitud la que daña a México, ya que existe un miedo hacia los grupos influyentes, que exigen de manera implícita, el no alterar la integridad de la actual estructura económica, limitando la posibilidad de un crecimiento y desarrollo nacional, provocando una pérdida de control por parte del sector público respecto a todos esos jugadores políticos que han logrado mantener monopolios y utopías fiscales a expensas de la población, volviéndose en un animal rabioso que procura su sobrevivencia sin importar las consecuencias y daño colateral de sus acciones.

Todo esto son "síntomas de un gobierno ineficaz. Señales de un gobierno doblegado. Muestras de un gobierno coludido". Que ha intercambiado posiciones respecto a la posesión de las riquezas y ahora se encuentra aterrorizado por la libertad que le ofreció a las "criaturas del estado" que se beneficia por los intereses y el poder concentrado, bloqueando reformas y poniendo al país contra la pared, mostrándonos en sus rostros los problemas que hemos venido arrastrando desde hace ya muchos años.

Por lo tanto, lo que necesita México es una oportunidad de cambiar todo esto, de poder enfrentarse a las instituciones y empresas que se han convertido como un cáncer para nuestro país para poder elaborar un nuevo modelo económico, donde la participación del estado sea más evidente y su fin sea de regulatorio, no de concesionario. Pero hasta que no cambiemos nuestras costumbres, México "continuará siendo lo que Felipe Calderón llama "un país de ganadores", pero donde siempre ganan los mismos."

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